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Ramon Valdosiera

    Atmósfera

    Rosa? Sí… ¡pero rosa mexicano!

    diciembre 20, 2020

    Ciertamente hay tantos tonos de rosa como de gris, y sin darle mucha importancia (o una novela), quise elegir uno, más rosa que los otros, porque este tiene una historia muy especial.

    Había una vez un hombre imaginativo llamado Ramón Valdosiera, nacido en 1918 en la provincia de Veracruz, México. Las hadas que se inclinaron sobre su cuna le dieron talentos como pintor, ilustrador, historietista, cronista y… diseñador de moda, y le permitieron sobresalir en estas disciplinas hasta la edad de 99 años. Este magnífico recorrido habría sido suficiente para hacerlo único, pero Ramón merecía más, ser inolvidable. Obtuvo este pasaporte a la eternidad el día que inventó el rosa mexicano.

    Fue en Nueva York, en el prestigioso Hotel Waldorf Astoria, donde el modisto Ramón presentó en 1949 una de sus colecciones que iba a ser noticia. Sus diseños eran predominantemente rosados, el rosa de las buganvillas de su país, que le había fascinado cuando viajó a través de México para estudiar los trajes tradicionales y inspirar las líneas y colores de su ropa. Fue tal el amor a primera vista que un periodista lo llamó el « Rosa Mexicano » y el Presidente de México de entonces usó el color para promover a México en el mundo.

    Y el rosa mexicano se ha convertido en una sombra por derecho propio.

    En su país de origen, ha estado intrínsecamente asociado, desde el principio de los tiempos, con el jugo de las chumberas, los juguetes de los niños, los caramelos de azúcar, las blusas indigenas bordadas, los adornos de papel picado que cruzan las calles y las fachadas de las casas.

    Los grandes arquitectos mexicanos contemporáneos como Luis Barragán o Ricardo Legorreta lo han magnificado en la pureza de sus secciones de paredes tan sobrias pero tan rosadas que se convierten en una evidencia.

    El rosa mexicano es único y omnipresente en México. Es el contrapunto del azul del cielo, el revelador del verde de los cactus y las palmeras, el complemento del naranja de los pétalos de « cempasuchil », la flor que inunda los cementerios el día de los muertos.

    Sobre todo, es un estallido de risas de la vida cotidiana que explota en una esquina de la calle como una fruta madura.

    Gracias al Sr. Ramón Valdosiera por sacarlo del anonimato. Al nombrarlo, has hecho una oda a la vida.

    Texto de Claudia Gillet-Meyer y fotos de Régis Meyer.

    Para saber más :

     « 3000 años de moda mexicana – Ramón Valdosiera :